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Salamanca. 14-01-20
Violencia sexual en el norte de Europa: la paradoja nórdica

Autora: Alicia Hernández (Activista por los derechos humanos)

 

"A menos que las víctimas de violaciones recibamos una paliza, no hay suficiente evidencia y es palabra contra palabra... Desearía que hubiera sido más duro para que hubiera tenido una prueba más tangible". "El tribunal me preguntó todo el tiempo qué hice mal, cuánto había bebido o por qué no pedí ayuda. Nadie le preguntó a mi agresor por qué comenzó a seguirme".

 

Estos son algunos de los testimonios que acompañan a la impunidad de la violación en los países más aclamados en igualdad (como son los países nórdicos), y que son resultado directo de las "barreras" en el acceso a la justicia a las que se tienen que enfrentar las víctimas de violaciones en dichos países. Un estudio de la Agencia Europea de los Derechos Fundamentales del año 2014 mostró que el promedio de violencia de pareja en la Unión Europea es del 22%. Si atendemos a que Dinamarca se sitúa con un 32% (el índice más alto de la Unión), Finlandia con un 30% y Suecia con un 28%, la conclusión es clara: los tres países nórdicos están muy por encima de la media Europea.

 

Lo más interesante aquí es que estos países habitualmente son aplaudidos como garantes de la igualdad de género, motivo por el cual este fenómeno se ha denominado "la paradoja nórdica". Este asunto es una de las cuestiones más desconcertantes en el campo del estudio de la igualdad de género y la violencia contra la mujer, pues parece una situación contradictoria. Tanto es así, que la violencia de pareja contra las mujeres ha sido considerada por la Organización Mundial de la Salud como un problema de salud pública global de proporciones epidémicas.

 

El informe de Amnistía Internacional “Tiempo de cambio. Justicia para las supervivientes de violación de los países nórdicos”, señala que los sistemas de justicia están fallando sistemáticamente en Noruega, Finlandia, Dinamarca y Suecia. Parece evidente que esta circunstancia tenga su origen en "legislaciones deficientes, mitos nocivos sobre violación y estereotipos de género generalizados”. Todo ello, teniendo una consecuencia atroz: la impunidad de los violadores en toda la región. El nivel de denuncia en estos países suele ser superior a la media de la Unión Europea, según Eurostat, pero, como veremos a continuación, se sigue denunciando poco.

 

En Noruega, solo una de cada diez mujeres denuncia violaciones ante la policía, y entre el 75% y el 80% de los casos nunca llegan a la fase de enjuiciamiento. A pesar de ello, de los que sí llegan, el 30% acaban en absolución, según una investigación de 2014 del Servicio Nacional de Investigación Criminal.

 

En lo que respecta a Finlandia, alrededor de 50.000 mujeres son víctimas de violencia sexual al año. Pero, paradójicamente, en 2017 sólo se dictaron 209 sentencias condenatorias. Varias víctimas entrevistadas para el informe antes mencionado calificaron el proceso de "estresante, aterrador y estigmatizante". "Le dije a mi abogado que si hubiera sabido cómo iba a ser esto, nunca habría denunciado la violación", reconoció una de ellas a Amnistía Internacional.

 

La situación no cambia en Dinamarca, puesto que según el Ministerio de Justicia cada año se producen unas 5.100 violaciones al año, pero un estudio de la Universidad del Sur estima que en 2017 pudieron cometerse unas 24.000. Más allá de esto, lo que está claro es que solo una minoría son denunciadas: estima la Oficina de Estadística Nacional que de 890, sólo 94 acabaron en condenas.

 

Como es sabido, Suecia se sitúa en el primer lugar del ranking de países europeos en denuncias por violencia sexual, según los datos publicados en 2017 por Eurostat y referidos a 2015, con 56,8 violaciones por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, parece aún más preocupante que las cifras no dan una imagen realista de la escala del problema. A todo esto habría que sumar la deficiencia en el manejo policial de los casos y las demoras en los resultados de análisis forenses.

 

A pesar de que el Convenio de Estambul establece que la violencia sexual y la violación deben ser definidas por la falta de consentimiento y no por el uso de la fuerza por parte del agresor o la resistencia de la víctima, sólo ocho países de Europa lo han hecho hasta ahora, siendo Suecia uno de ellos. Dinamarca y Finlandia han anunciado que lo harán próximamente, así como España, donde la violación de la “Manada” motivó la revisión del Código Penal en este sentido. Sin embargo, la reforma aún no se ha hecho efectiva.

 

Kumi Naidoo, secretario general de Amnistía Internacional, asegura que "aunque modificar las leyes sobre violación en los países nórdicos es un paso vital para cambiar actitudes y lograr justicia, hace falta mucho más para que sea realidad el cambio institucional y social”. Mientras que los dañinos patrones sociales y culturales, los llamados mitos de violación, la culpabilización y revictimización de las mujeres o la ausencia de formación especializada y obligatoria de los operadores implicados en la materia (como médicos forenses, jueces, fiscales y los miembros de la policía) sigan ahí, la situación no mejorará.

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