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Inicio  Resultados del I Concurso de Microrrelatos de Amnistía Internacional Valencia.

Resultados del I Concurso de Microrrelatos de Amnistía Internacional Valencia.

¡Enhorabuena a todas y todos!

 

 

Gracias, por que con vuestros relatos  hemos viajado por todo el mundo, hemos sentido el miedo, el amor, el horror y la esperanza, hemos vivido y hemos comprendido. Gracias por estar con nosotros, por compartir, por sentir, por reflexionar a través de  una imagen.

Gracias, por estar ahí,..porque el mundo puede cambiar ¡pero no va a cambiar solo! 

Amnistía Internacional

Votación de los miembros del jurado.

El jurado ha estado compuesto por: Luís del Romero Sánchez Cutillas, María Garcia-Lliberós y Carmen Amoraga. 

Más información del jurado.

 Premiados:

1-  Decálogo para sobrevivir

1.Dar la voz de alarma.
2.Tirarse cuerpo a tierra.
3.Cubrirse la cabeza.
4.Al escuchar las primeras explosiones, taparse los oídos.
5.No mirar a los ojos, nunca, a quien esté disparando.
6.No llorar.
7.No temblar.
8.No sufrir.
9.Olvidar.
10.Dejarse ayudar.
11.Un abrazo.
12.Otro abrazo, por favor.

Se adjuntan dos consejos de más. Se deja a la libre elección de quien los necesite (suponiendo que tenga el derecho de vivir en paz) elegir de entre la docena de puntos anteriores y descartar un par para no hacerle un feo al título. Como consejo, no prescindir de los últimos. En caso necesario, repetirlos tantas veces como sea necesario. Lo ideal es que nunca lo fueran. Lo ideal es que nunca. Lo ideal es nunca.
Autor: Carlos de la Fe.

  2º- Instrucciones para no morirse de miedo

Procúrese un mapamundi. No será imprescindible que esté actualizado. Pidamos lo posible: la primavera de mayo queda demasiado lejana y no le será de utilidad en este caso. 
Eche un rápido vistazo a las calles. Tenga cuidado. No es necesario ni aconsejable abrir las ventanas. Tampoco encienda la luz. Bastará con que corra un poco la cortina, lo suficiente para comprobar que el camino está despejado.
Diríjase a las escaleras. No se le ocurra utilizar el ascensor. Las bombas suelen estropear las instalaciones eléctricas. Camine con la espalda pegada a la pared, lentamente sin descuidar la retaguardia.  Baje mirando el mirando el piso anterior según baja —despacio, recuerde, despacio— al siguiente.
Mire de nuevo hacia la calle. ¿Todo bien? ¿Algo raro? Perfecto. Da igual, vuelva a mirar. Compruébelo. Tiene que asegurarse. Nunca se sabe. No es la primera vez que todo parece normal y, cuando menos te lo esperas, una bala perdida, trozos de metralla. Quién sabe. ¿Quién puede estar seguro? Usted, usted debe estarlo. Nada pierde con volver a mirar.
Recuerde que está en un hotel. No olvide que aunque usted esté aquí para proteger a los civiles, a ellos les da igual. Para ellos, para los de ambos bandos, usted es extranjera. No les importa cuántas vidas haya salvado hasta ahora: sigue siendo un efecto secundario de la invasión.
Salga. Corra. Esos niños, ¿de dónde salen? No piense. Corra. Tírese, tírelos al suelo. Cuerpo a tierra. No piense. Claro que no merecen morir. No tenga miedo. Nunca.

 Autor: Carlos de la Fé.

 3º.- Un juego de niños.

 -Primero las pequeñas. Las grandes, para el final
-Cuando nos toquen las grandes, estaremos cansados. Mejor, al revés.
-No puedes cambiar las reglas. Se hace como te digo yo.
-¿Y quién te las dijo a ti?.
-Las he leído. Siempre se hace así y no las podemos cambiar nosotros.
-Vale.
-Si empezásemos con las grandes, se acabaría pronto el juego. 
Dani se encogió de hombros y comenzó a coger piedras de distintos tamaños. Era la primera vez que iba a jugar con aquellos chicos de la playa y no quería llevarles mucho la contraria para que no lo rechazaran. No importaba si le gustaba o no, tenía que integrarse.
Apareció otro niño:
-¿Puedo jugar?.
-Coge piedras y pon la muñeca con las piernas enterradas en la arena- le contestó el líder.
-No me gusta jugar con muñecas.
-No vamos a jugar a los vestiditos- le contestó con expresión burlona.
-¿Entonces?. 
-Haz lo que te dije y ya aprenderás. 
Obedeció, mientras Dani pensaba que preferiría jugar a los vestiditos. 
Enseguida una lluvia de piedras fue lanzada contra la cabeza de la muñeca, que se movía cuando impactaban contra ella.
-¡Menuda mierda!- dijo el recién llegado- Sería más divertido si vosotros estuvieseis en el sitio de la muñeca. 
-Los hombres no son apedreados- le contestó Dani.
-¿Por qué?. 
-Son así las reglas.
Las reglas se cambian. Yo las cambio solo: me voy.

Autora:  Carmen Novo Colldefors.

 

Votación popular por Facebook.

Premiados:

1- Desplazados

Todavía vienen campesinos en camino, no se sabe sí huyen vivos o sí huyen muertos, niños perdidos en las travesías de la forastera muerte aferrados a la única mano de su labriego padre, ahora caminantes de las escasas esperanzas de sobrevivir a las nuevas fumigaciones metálicas, enlazados con los circuitos del eterno conflicto hoy avivado por los fines del sinsentido, helicópteros asediando sin distinción a los antes amparados por el mismo uniforme actuando en el teatro del farsante, donde nadie sabe nada, todo es un cuento, así sea pura realidad – Sonriente relataba un duende mientras guiaba embolatando toda la gente.

Autor: Román Jairo Vélez Sierra

2-Enmudeciendo voces

Una estrellada noche de otoño mi hermano y Yo nos encontrábamos  observando la televisión mientras Mamá en la cocina se hallaba preparando la cena. La notaba preocupada, ahogada en sus pensamientos. Oímos el chirriar del portón que nos indicaba que Papá llegaba. El se desempeñaba como columnista en un diario local, sostenía aires de inquietud y preocupación en sus ojos. Nos besó a ambos, nos abrazó apretándonos fuertemente en su pecho apreciando cada caricia,  cada segundo. Caminamos a la cocina y Mamá nos sonrió cobijándonos en aquellos brazos maternales que parecían envolver nuestro mundo mientras besaba dulcemente en los labios a Papá.  Durante la cena compartíamos risas, contábamos lo que habíamos hecho durante la mañana y de aquel pequeño  partido de futbol en la escuela,  cuando de pronto escuchamos unos violentos golpes en la puerta, unas furiosas patadas.  El rostro de Papá se convirtió en una máscara rígida, temeroso  se dirigió a nosotros diciendo: “¡vayan afuera, escóndanse!” Mamá nos tomo de las manos y Papá insistió gritando: “no vienen por ustedes,  pero si los encuentran…”  rápidamente mama nos llevó afuera arrojándonos al suelo mientras nos abrazaba fuertemente,  quedándonos  quietos sin siquiera murmurar, sentía mi corazón latir fuertemente. En la casa oíamos una pelea, y luego el sonido de un vehículo que se alejaba a gran velocidad.  Se llevaron a Papá.
Días después, Papá regresó revelando cicatrices en el rostro. Abrazó a Mamá diciendo: “cerraron el diario, pero  aun seguiré luchando por la libertad de expresión en nuestro país”.

Autora: Amanda Isabel Moray Duarte.

3- Armada

Armada de palabras, nunca de fusiles, pistolas o metralla, miro tres miradas, una a una entran directo a mi alma.
Armada de palabras que se vuelven lágrimas, sollozo tres lágrimas, cada una de ellas acompaña esas almas, que derribadas dicen más que mil palabras.
Armada de palabras sin expresar, llega a mi pensamiento cuanto sufrimiento e insomnio acompañará a cada una de esas almas en sus días y sus noches por venir.
Armada de palabras, no las huecas del poderoso, reflexiono que este largo instante de dolor se repite impune en muchos rincones del mundo.
Armada de palabras que se llevará el viento, ellos  miran angustiados hacia un horizonte al que no pueden correr.
Armada de palabras en mí soledad, al mirarla más no de admirarla, pienso hemos fallado, quebrantando, en ese instante, sus derechos humanos.
Y armada de palabras, solo puedo decir ¡Basta ya, gobiernos del mundo, de guerras inútiles y sus fuegos cruzados!

Autora: Ana María Galván Rocha

Entrega de premios y lectura de los relatos ganadores.

Invitamos a todas y todos los participantes a que el día 17 de diciembre asistáis en el edificio de la Nau (Universitat de Valencia), al acto de conmemoración del 50 aniversario de Amnistía Internacional. Haremos entrega de los premios y se leerán los relatos ganadores.