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Pamplona. 19-04-16
Walls, Muros, o las fronteras de la vergüenza
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El pasado jueves 14 de abril tuvimos la oportunidad de disfrutar en Pamplona, en la Filmoteca de Navarra, de la película documental Muros/Walls, dirigida por Pablo Iraburu y Migeltxo Molina, bajo la tutela de Arena Comunicación y Txalap.Art. Ante una sala prácticamente llena,  –animada en parte, por el precio asequible de la entrada, 1 euro– los cerca de 200 asistentes visualizaron durante una hora y veinte un pequeño trozo de las vidas de los protagonistas del filme, Iván, Al, Bokhar, Caren, Ghariba, Jaime, Izak, Meyer y Meza, y sus desventuras y rutinas entre las fronteras de México y Estados Unidos, España y Marruecos, y Sudáfrica y Zimbabue.

“Son retratos íntimos de personas concretas”, explicó Molina en un coloquio posterior con el público. A través de esta película, lo que intentar es hacer reflexionar sobre los muros que separan a las personas, mostrando “una frontera en cada continente”, apuntó el cineasta navarro. Pero siempre con un “contacto sincero con cada uno de los protagonistas”, añadió Itziar García Zubiri, directora de producción, que junto a Migeltxo Molina (y Pablo Iraburu) compartió rodaje y respondió a las preguntas de los asistentes.

García Zubiri aprovechó incluso para explicar más en profundidad alguna de las historias que aparecen en el filme, como el caso de Ghariba el Bokhari, que intenta sacar adelante a sus dos hijos con el transporte y venta de fardos entre la frontera entre Marruecos y en España, en Melilla, por un precio irrisorio. Estas personas, (cientas) narró, se pasan el día “hoy lo han hecho, mañana lo harán también”, haciendo viajes transfronterizos con cargas extremadamente pesadas “por tres euros, y uno es para el policía marroquí, (que les deja pasar) y otro para la persona que les proporciona la carga”, y con suerte pueden hacer “tres viajes, dos, o a veces ninguno”, sentenció.

También Migeltxo Molina profundizó en la historia detrás de secuencias de especial crudeza y simbolismo, como por ejemplo la de la captura y retorno de dos migrantes a Zimbabue desde Sudáfrica, donde el rodaje de las imágenes queda en un segundo plano. “Normalmente les pegan un tiro”, pero “mientras tuviera la lucecita roja (de la cámara) encendida”, aseguró, “no les iba a pasar nada”.

Asimismo, el proceso de creación del documental y contacto con las personas que protagonizan Walls, hizo al equipo llegar a nuevas reflexiones vitales. “En ese momento todos compartíamos algo”, explicó Molina, “creíamos que era la búsqueda de la felicidad pero no fue así. La felicidad es un lujo, nos encontramos que lo que realmente les mueve es la supervivencia”. 

“Para nosotros es muy duro volver a ver la película”, apostilló Itziar. “Es casi más duro que el momento de estar rodando”. Momentos delicados, los de estar filmando estas realidades paralelas a las nuestras, en los que necesitaron de una “preproducción emocional”, como la definió la cineasta. Aunque todos los esfuerzos merecieron la pena. Uno de los propósitos del documental, aseguró, fue “intentar tocar el alma de gente que vive de otra manera” que los personajes. Mientras rodaban sus vidas se planteaban “que podían hacer para ayudar a estas personas” y llegaron a la conclusión que “lo más grande que podían hacer es acabar la película”, con el objetivo de “concienciar”, argumentó. De la misma opinión es Migeltxo Molina, que con Muros, afirmó, lo que se buscaba “despertar el debate y mover a la acción”.

Mover a la acción con propuestas como las mencionaron los dos cineastas. Por ejemplo la iniciativa Iruña ciudad de acogida, promovida por organizaciones sociales y ONGD, que promueve la acogida de refugiados o, por otro lado, la campaña #Yoacojo https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/campanas/yoacojo/  de Amnistía Internacional, presentada el mismo jueves en la Filmoteca de Navarra. Como apuntó Fernando Armendáriz, de Aministía Internacional, al final del coloquio, “si el muro de Berlín cayó los demás tienen que caer, los tenemos que tirar”. Si aún no has firmado puedes hacerlo ahora y extender esta iniciativa en tus redes mientras escuchas la música de El Muro de Pink Floyd, que este sí que merece la pena.

Por Fernando P. Arderius